Los créditos rápidos son préstamos financieros que se solicitan por importes bajos, desde 500 hasta 6.000 euros, con periodos de amortización de hasta 60 meses (cinco años). No suelen presentar comisiones de apertura, aunque sus intereses rondan el 20% TAE. Este tipo se suele, en ocasiones, enmascarar al cliente informándole sólo de intereses mensuales. Si se multiplica ese interés mensual (en torno al 1,8% por doce), se ve la realidad más clara. Además, por cancelar anticipadamente el préstamo suelen aplicar comisiones en torno al 1% sobre el importe que queda pendiente de amortizar.

En ocasiones, los interesados en un crédito rápido no suelen prestar la atención que merece al dato del tipo de interés que le aplicarán por el dinero solicitado, ni a las comisiones. Muchos usuarios se dejan llevar por la posibilidad de tener el dinero de forma instantánea, que es una de las principales características de este tipo de préstamos. Además, la libertad de poder utilizar el dinero sin tener que justificar su finalidad a la entidad financiera que lo concede es otro de los rasgos que más promueven su solicitud.

El crédito se contrata prácticamente sin hacer papeleos. Para poder contratar un préstamo de este tipo, los documentos que suelen solicitar las entidades son una fotocopia del DNI, la última nómina, un recibo domiciliado en un banco ( y sólo en ocasiones) y el número de la cuenta corriente en la que se domiciliará el préstamo. La entidad se compromete a facilitar el dinero en el plazo de 24 ó 48 horas después de recibir toda la documentación requerida.

La finalidad del crédito, hacer frente a un imprevisto económico y necesidad de obtener el dinero rápidamente.